Hay decisiones que no solo son malas. Son insultantes. El aumento del sueldo mínimo de $7.546 impulsado en el primer año del gobierno de Kast no alcanza ni para disfrazarlo de política pública. Es una cifra tan baja que parece hecha con una calculadora que nunca ha tenido que pagar cuentas. Porque esto ya no es discusión técnica. Es sentido común.
$7.546 al mes son cerca de $250 diarios, eso es lo que este gobierno cree que mejora la vida de alguien que trabaja 42 horas semanales. ¿En serio?
Con $250 no te subes a una micro. No compras pan para la familia. No pagas ni una parte relevante de nada. Es un aumento que no alcanza ni para simular dignidad.
Mientras tanto, la realidad —esa que no entra en los discursos— sigue corriendo: El Instituto Nacional de Estadísticas muestra que los alimentos han sido uno de los componentes más persistentes de presión inflacionaria.
El Ministerio de Desarrollo Social sitúa la canasta básica de alimentos sobre los $60.000 por persona. Gas: $20.000 a $30.000. Transporte mensual: fácilmente sobre $30.000. Arriendo: ni hablar. Ahora comparemos sin maquillaje: El aumento completo no paga ni la mitad del gas.
No cubre ni el transporte del mes. No alcanza ni para una semana de alimentación.
Entonces, ¿qué es esto? No es prudencia. No es responsabilidad. No es gradualidad. Es mezquindad. Y sí, hay que decirlo con todas sus letras: es Miserable.
Pero no solo por el monto. Miserable por la señal. Porque cuando el Estado decide que $7.546 es suficiente, está diciendo algo muy claro: que el esfuerzo de millones vale casi nada. Que se puede seguir estirando la cuerda sin que pase nada. Spoiler: sí pasa.
Y aquí es donde la comparación deja en evidencia la diferencia de enfoque. Durante el gobierno del presidente Gabriel Boric, el sueldo mínimo subió de $350.000 a $500.000. Con críticas, con tensiones, con debate, pero subió de verdad. No eran “chauchas”, eran aumentos que se sentían.
Acá no. Acá el aumento es tan chico que ni siquiera alcanza para generar debate económico serio. Es, derechamente, un gesto mínimo para cumplir con el trámite. Una política de baja intensidad para problemas de alta urgencia.
Y eso tiene nombre: gobernar sin tocar nada. Porque subir $7.546 no incomoda a nadie con poder. No mueve el tablero. No cambia la estructura. Solo deja todo exactamente igual… para los que siempre están abajo. Y ese es el punto de fondo.
No estamos frente a un error. Estamos frente a una decisión consciente de no hacer más. Una decisión que, envuelta en tecnicismos, termina diciendo algo brutalmente simple: “Hasta aquí llegamos, y con esto deberían conformarse”.
El problema es que ya no alcanza. Y no por expectativas altas. Sino porque la vida real es bastante más cara que los miserables $250 diarios.
Ricardo Aguilar Cubillos, ex asesor parlamentario

