En nuestra comuna de Rengo, como en muchas otras del país, aún persisten huellas visibles y simbólicas de uno de los periodos más complejos de la historia reciente de Chile: el denominado estallido social de octubre de 2019. Para algunos, una legítima expresión de descontento social; para otros, un episodio que derivó en violencia, desorden y un profundo quiebre en la convivencia. A casi cinco años de esos acontecimientos, resulta legítimo preguntarse qué aprendimos como sociedad y, sobre todo, qué ejemplo estamos entregando hoy a las nuevas generaciones.

Uno de los puntos que hoy genera debate en nuestra comuna es el mural ubicado en las murallas de la sede se del Colegio de Profesores de Rengo, emplazado en calle Balmaceda a menos de 10 metros de la 4ª Comisaría de Carabineros. Esta obra recuerda aquel periodo desde una mirada particular, pero su permanencia ha sido interpretada por muchos vecinos y especialmente por adultos mayores como un gesto ofensivo y provocador.
Hemos tenido la oportunidad de conversar con algunos transeúntes que circulan por frente de dicha comisaría, y expresan con claridad el malestar y el dolor que les provoca a esos funcionarios que trabajar diariamente frente a una imagen que, desde su perspectiva, los estigmatiza y los presenta como enemigos de la ciudadanía.
No se trata solo de una diferencia de opiniones, sino de un sentimiento humano de desvalorización que no debiera ser ignorado., nos señalo un jóven de 21 años llamado Luis Gutiérrez .

Los profesores cumplen un rol fundamental en la formación de niños y jóvenes. Más allá de los contenidos académicos, son referentes de valores como el respeto, la convivencia democrática y el diálogo. Por lo mismo, muchos vecinos se preguntan si la mantención de este mural contribuye realmente a educar en esos principios o si, por el contrario, refuerza divisiones y resentimientos que el país necesita superar.
Resulta aún más contradictorio cuando se considera que, en numerosas ocasiones, directores de establecimientos educacionales de la comuna han solicitado la presencia de Carabineros para realizar charlas preventivas, educativas y de orientación a los estudiantes. Asimismo, frente a altercados o situaciones complejas en colegios y liceos, la primera institución a la que se recurre es precisamente Carabineros de Chile, en este caso A los Carabineros de nuestra comuna. Esto demuestra que, en la práctica, existe una relación de cooperación que no se condice con el mensaje que algunos símbolos públicos parecen transmitir.
Nadie pretende borrar la historia ni negar los debates que surgieron a partir del estallido social. La memoria es necesaria. Sin embargo, también lo es el contexto, el respeto mutuo y la responsabilidad social, especialmente cuando se trata de espacios educativos y de representación gremial. Mantener símbolos que pueden ser leídos como una incitación al odio o al desprecio hacia una institución del Estado no parece contribuir a la tan necesaria reconciliación social.
Es momento de que las autoridades comunales, junto con la directiva del Colegio de Profesores de Rengo, abran un espacio de diálogo serio y respetuoso. Pensar en la eliminación o resignificación de este mural no debiera entenderse como censura, sino como un gesto de empatía y de compromiso con la convivencia pacífica. Enseñar a pensar críticamente no es lo mismo que enseñar a odiar.
Rengo necesita ejemplos de unión. Nuestros estudiantes merecen crecer en una comuna donde se les enseñe a respetar las instituciones, a cuestionar con argumentos y a resolver las diferencias mediante el diálogo, no la confrontación. Los profesores, como formadores de futuras generaciones, tienen en sus manos una enorme responsabilidad: ser puente y no muro; ejemplo de respeto y no de división.

Hoy más que nunca, el llamado es claro: reflexionar, dialogar y avanzar juntos hacia una comunidad más unida, donde la memoria no sea motivo de enfrentamiento, sino una oportunidad para aprender y construir un mejor futuro para todos.

