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Por Jesús De Pablo Becerra 

Desde tiempos inmemoriales, antiguas sociedades daban por hecho que sus dioses infligían ciertos males, cuando ciertos pueblos merecían un castigo. Una creencia entendida como la ira de los dioses y que sirvió, por ejemplo, para explicar desde la mitología griega, una epidemia mortífera que hizo su aparición en el año 430 antes de Cristo. La diosa Hera, esposa de Zeus, envió una plaga a la isla de Egina, cuyo nombre proviene de la ninfa con que su marido Zeus le fue infiel. La explicación mitológica corresponde a un hecho real:  la plaga de Atenas, en la que murieron 150.000 personas, lo que para aquel entonces era una cifra considerablemente elevada. El historiador Tucídides en “La Historia de la guerra del Peloponeso”, la describe como una enfermedad que se originó en Etiopía, que llevó la miseria y muerteatravesando Egipto y Libia, para terminar impactando Grecia, donde acabó con la vida de miles de sufridos atenienses y espartanos, entre ellos el gran líder militar griego Pericles.

Desde entonces y hasta nuestros días, el siglo XXI, la humanidad ha registrado una veintena de epidemias y pandemias que han puesto en jaque nuestra feble supervivencia. Cuatro de ellas se cuentan entre las más mortíferas: la peste negra, la viruela, la gripe española y el VIH/Sida.

Curioso que en Atenas, Grecia, tiene lugar la primera epidemia de gran impacto para aquella época, como bien dije anteriormente por el año 430 a./C, sea el lugar donde también verán la luz eminentes filósofos, matemáticos, astronomos, tales como Sócrates, Aristoteles, Platón, Euclides, quienes se ocuparían de dar vida a principios filosóficos, matemáticos, geométricos, y considerados los padres de la política, principios  que en el futuro hasta nuestros días mantendran su vigencia.

Digo curioso, pues quizás es en aquel entonces cuando los “políticos” fueron contagiados con tanta saña, la que por estos años en nuestro país especialmente, ha aparecido en muchos personajes que han sido infectados por males como el populismo, por el clientelismo, por el nepotismo, por la corrupción, que cual peste bubónica no ha dejado político sin afectar.

La Peste Negra o bubónica, es la plaga bacterial que ha tenido varios brotes a lo largo de la historia, entre ellos, el más mortífero y aterrador que cobró la vida de más de 200 millones de personas en el mundo, en pleno siglo XIV ya que duró alrededor de cuatro a cinco años, esto es entre los años 1347 y 1351, ocasión en que solo en Europa desapareció un cuarto de su población. Fue la pandemia que más horror, dolor, desolación y hambre,  trajo a la humanidad por largo tiempo, esta bacteeria originaba pústulas y ganglios inflamados en los cuerpos de los infectados.

Se llamó también peste bubónica, porque inflamaba los bubones, o sea los nódulos linfáticos en ojos y órganos sexuales, y cuando avanzaba la enfermedad producía necrosis. Se asoció a la bacteria Yersinia Pestis, alojada en las ratas negras provenientes de los barcos de China. Pero fueron las pulgas de dichas ratas las que transmitieron la bacteria a los humanos. Solo con grandes incineraciones de ratas, cuerpos infectados y pulgas se logró a duras penas controlar la pandemia

Hoy por hoy estamos enfrentados a una emergencia sanitaria que aún no sabemos la real envergadura que tendrá, pero al ver el desarrollo de esta en Europa y Asia, podemos inferir que ésta tendrá enormes e  infaustos resultados.

-Existe en el ambiente político-sanitario una gran incertidumbre ante el alcance e impacto del COVID-19 a nivel global, todo lo cual nos debiera llevar a una toma de conciencia, (la que escasea por estos días), y dejar las odiosidades, diferencias, la mezquindad, entre toda la ciudadanía, pero muy especialmente entre nuestros dirigentes, la clase política, y centrarse en el bien común de la sociedad toda, pues en ella está su seguridad, su integridad, su futuro, sus sueños, su vida, en definitiva su bienestar en juego, objetivo de toda la clase política sin exclusión alguna, y a la ciudadanía que también debe sumarse a este gran desafío. No nos olvidemos que la acidez es el agar agar de muchos males, la acidez en el líquido celular activa la aparición del cáncer, la acidez estomacal trae en primer lugar las gastritis que derivan en cáncer, la carga negativa siempre debe ser neutralizada por la carga positiva, de modo tal logremos un  normal desarrollo de la vida.

La definición de pandemia incluye a la de epidemia, que es la aparición repentina de una enfermedad que afecta a gran parte de la población, pero extendida a muchos países independientemente de su  letalidad, según la OMS, lo que hoy por hoy es muy factible por el nivel de globalización existente y de la gran cantidad de población mundial.

El presente siglo XXI, con todos sus avances científicos, tampoco ha estado exento de grandes epidemias, desde el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SRAS), hasta el actual Covid-19, pasando por la Gripe aviar, la Gripe A, el Ébola y el Dengue.

Así podemos apreciar con mucha claridad que los virus, las bacterias, y las epidemias seguirán surgiendo y acompañarán a la humanidad en el transcurso de su historia, pero el hombre seguirá poniendo todos sus ingentes esfuerzos para ir superándolas.

Hoy es el momento en elque todos sin exepción debemos mirar el futuro con una actitud aditiva, y no restarse ni menos oponerse a hacer frente a este mal que tiene a los cinco continentes comprometidos.

Sin duda habrán muchos que no podrán salvar este cruel virus, cuya vacuna se está buscando denodadamente por los científicos de todas nacionalidades, pero es la triste realidad de estas emergencias, y debemos estar preparados conscientemente para convivir con la realidad que se nos presentará, debemos mostrar entereza física, fortaleza síquica, y equilibrio moral, como una muestra de responsabilidad con nosotros mismos y gran sentido de solidadridad con los que nos rodean.

No porque haya corrientes de opinión, ideas y costumbres diferentes, somos enemigos unos de otros, solo somos parte de la diversidad que da el equilibrio necesario para construir una sociedad mas justa y feliz. Nuestro real enemigo, en este momento es  el COVID-19. No nos equivoquemos pues la operación estratégica es sumar y no restar, menos dividir ni multiplicar.

Seamos empáticos y leales con nuestra sociedad por un momento, nos hará bien, queramosnos un poquito, sumemos toda nuestra energía como arma poderosa para combatir un problema común para beneficio de todos.

 

  “Per hoc enim ambulant  in unum”

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