Este 11 de julio de 2019 se cumplen 90 años del nacimiento de Eduardo Ossandón Silva, quien vivió  su infancia y adolescencia en la Isla de Rengo, llegando a ser con el tiempo, gracias a su inmensa tenacidad y pasión por el arte, el más importante artista pictórico de la zona, distinguido en el país y el extranjero.

“Nací en Santiago y en Rengo en 1929. No sé realmente donde nací. Pero lo cierto es que desde los primeros días me encontré al lado de mi abuela Ascención”.

A ella, sesenta y ocho años después, le dedicó su  bello libro “Contrapunto” con estas palabras: “Un día hace muchos años, cuando egresé del Liceo, mi abuela me preguntó si tenía alguna idea de lo que iba a ser de mí en el futuro. Le respondí, mitad en serio y mitad en broma, que sería pintor. Su desilusión fue enorme pues me vio, proyectado en el futuro, pobre y con hambre, sin destino. Se puso triste. Sin embargo, su cariño era tan enorme, tan sin límite, que aprobó mi decisión envolviéndola con una ternura y una bondad que jamás conocí en otro ser humano. A ella le dedico esta obra.”

La numerosa familia Silva Lizana y  Silva Céspedes, vivió en el sector de la Isla, al final del callejón Galvarino, el último de la extensa calle Prat de Rengo, y a pasos del entonces cristalino río Claro. Aún vive allí su primo-hermano Hernando y su esposa María Isabel.

En ese hogar sencillo y humilde del campo, rodeado de una bella naturaleza y cariño familiar, despertó y desarrolló sus habilidades  artísticas el niño Eduardo, en ausencia total de sus padres biológicos, pero con el cuidado maternal de su abuela y el cariño de su abuelo, tíos, primos y primas-hermanas, Eliseo, Hernando, Juana, Francisca, Gladys e Inés.

A los siete años ingresó a la Escuela N°4 de la Isla, a escasas cuadras de su hogar, donde su profesora de primero preparatoria, la señorita Elsa, según el mismo artista, fue la primera que distinguió ante los demás el talento de su alumno: “¡Este es el más bonito de la clase!” Era un cisne de cuello largo que parecía tocar la luna, y nadaba en una laguna azul, bordeada de colas de zorro y totora. Desde entonces no dejó jamás de dibujar y pintar.

En el Liceo de Hombres de la ciudad continuó desarrollando su talento junto con su pasión por la lectura, la escritura de versos y el fútbol.

En esa época, la vida puso en su camino dos especiales  maestros que lo guiaron en sus pasos, uno fue la profesora de Castellano y Artes Plásticas, la Sra. Aída Otaíza de Estrada, quien lo ayudó mucho, le prestaba libros, le regalaba útiles escolares, le encantaba conversar con él y aconsejarlo, siendo como un hijo para ella y lo consideraba su regalón, sintiéndose siempre orgullosa de su alumno. Y el otro, don Rafael Ossandón y González, sabio Maestro de la asignatura de historia, de admirable  nobleza y rectitud, gran lector y una amplia cultura, quien admiró las cualidades personales del adolescente, y lo apoyó hasta el punto de hablar con sus abuelos y convencerlos de que su nieto llegaría a ser un gran pintor, por lo que les propuso darle su apellido, pues tenía la certidumbre de que su alumno poseía en su mirada la luz de los grandes hombres. Los abuelos aceptaron y desde ese momento, Eduardo Silva Silva, se convirtió en Eduardo Ossandón Silva.

Al concluir sus estudios secundarios, el joven viajó a la capital y con el apoyo de la Liga Protectora de Estudiantes Pobres, y el respaldo de sus abuelos, tíos, primas y primos-hermanos, cumplió sus estudios en la Escuela Normal Abelardo Núñez donde se recibió en 1952 de Profesor de Educación Primaria con mención en Dibujo. Pero, su sueño era continuar perfeccionándose e ingresó  tres años después a la Escuela de Bellas Artes, coronando sus estudios de Profesor de enseñanza básica y de Artes Plásticas, teniendo por maestros a los grandes del arte pictórico nacional. Así, por su producción pictórica comenzó a recibir varios primeros premios en los Salones de Arte que se organizaban en la capital y otras ciudades del país. Ejerce entonces de Profesor invitado en la Universidad Austral de Valdivia; Profesor Auxiliar de los cursos de Pedagogía en Artes Plásticas  de la Universidad de Chile y Profesor de Pintura y Dibujo en la Facultad de Bellas Artes de la misma casa de estudios superiores. En 1968 viaja a España a través de una beca del Instituto de Cultura Hispánica, vende sus obras y con otros aportes logra exponer en Europa y recorrer varios países.

Gran parte de los críticos y comentaristas de arte tanto chilenos como extranjeros, escribieron y valoraron sus pinturas, considerándolo un valioso aporte a la pintura nacional y latinoamericana, entre estos, por el breve espacio,  sólo citaremos algunos.

El crítico José María Palacios, escribe: “nuestro artista ha sabido definir un estilo personal y de acabado oficio, pleno de sugestiones de una chilenidad acendrada y sabor tradicional. Sabor que se concentra en objetos pequeños, en rincones campesinos y humildes, en la domesticidad cotidiana, pero bajo el influjo pictórico de la luz y la sombra, condiciones ambas que el artista conjuga con rara habilidad para ofrecer atmósferas de sugerente expresividad”

Ricardo Bindis, agrega:  “Su arte, ejecutado en la económica factura de los blancos y los negros, la sutileza de las gamas intermedias, dignifica los objetos misérrimos, un plástico enfoque de las odas elementales nerudianas. Es un mundo desolado, simple, cargado de nostalgias, pero emocionado, amante de la vida, de las cosas sencillas, que son las que pueblan nuestra vida cotidiana.”

Sergio Montecino, expresa: “El figurativismo de Ossandón es moderno porque su técnica  es nueva. Esquemático, analítico, gamas sumarias de blancos, grises, negros o celestes desteñidos, su elocuencia pictórica toca en el espectador por sus sugerencia expresiva.”

El crítico español  Federico Robles, escribe: “Admirador de los espacios, arquitecto de las luces, inquisidor  de los elementos que transporta, sabe con sus pinceles ordenarlos en una expresión limpia y personalísima. En sus cuadros, que encierran un drama contenido, no hay ninguna concesión a lo convencional ni a lo literario, son como una voz que nos conmueve en su sinceridad, por encima de su contenido o significado.”

Y el crítico venezolano Oscar Rojas Jiménez, escribe: “Pintor de la libertad, existe con mayor intensidad en el mundo de los humildes, en aquellos en que los sueños adquieren dimensiones grandes…” “Una sartén puede ser la alegría de un hogar, la familia reunida en una noche invernal en un villorrio perdido en la geografía; una silla vieja, una mesa coja, en fin, todo ese mundo material de los pobres forma parte de los sueños del artista.”

Dos libros legados por el pintor nos permiten conocer algunas de sus obras, su vida y la propia reflexión acerca de su arte. El ya mencionado, es “Contrapunto”, publicado en 1997 con el aporte del Consejo Regional e  Intendencia de la VI Región del Libertador Bernardo O´Higgins, y el segundo es “Gráfica y Color”, del Doctor en Historia del Arte, Raymundo Ernst Fortunatti, en 2001. En ambos libros posemos conocer algunos de los cientos de Bodegones que lo caracterizan, la serie del mar, los paisajes y bocetos.

Las obras de Eduardo Ossandón proyectan el mundo íntimo del entorno que rodeó su infancia y juventud, confirmándolo también en la mayoría de las entrevistas que ofreció,  señalando siempre que sus obras reflejaban a su amada Isla y a su ciudad de Rengo, a la que siempre regresaba.

En su carrera de pintor Eduardo Ossandón obtuvo innumerable premios: Cinco Primeros Premios de Pintura en distintos Salones de Arte del país; cuatro Segundos Premios; tres terceros premios; cuatro Premios de Honor; cincuenta exposiciones individuales en en Chile y en países de América y Europa; 36 exposiciones colectivas en el país  y en el extranjero.

Sus obras están en un sinnúmero de Museos de Chile, América y Europa y en varios libros de pintura chilena de reconocidos autores. Eduardo Ossandón tiene un lugar destacado en la Historia del Arte Chileno. No debemos olvidar que es el creador del escudo heráldico de Rengo, y  fue distinguido Hijo Ilustre de la ciudad el año 1964 por el Alcalde don Héctor Aliro Molina Ferreira. Por último fue también Director del Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Chile.

Hoy, queremos destacar un significativo legado que nuestro pintor dejó para la posteridad, desconocido hasta hoy. Se trata de un invaluable  documental realizado por J.P CINE, titulado El Hombre, la Pasión y el Artista realizado en 1997, extraviado hasta hoy, y que gracias a la incesante búsqueda y gestión  de sus primas-hermanas, Juana e Inés Silva, los niños, jóvenes y comunidad renguina, podrán ver en una fecha próxima a nuestro pintor en su taller pintando uno de sus cuadros y una selección visual de sus obras.

Para ustedes, estimados coterráneos renguinos, estas palabras en homenaje a nuestro artista que en este día vino al mundo hace  noventa años. Coronó de gloria con sus obras a la tierra que amó sin medida y falleció un 25 de enero de 2013.

MANUEL GALLEGOS ABARCA

ESCRITOR.

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