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De las notas de la semana, comento el incidente entre barristas que dejó a tres personas baleadas en el portón del CDA. La premura del arquero Jhonny Herrera no fue por acudir en ayuda de los heridos, sino por denunciar a los colocolinos como culpables del hecho. Sin embargo, pareciera que no fueron barristas de colo colo los autores, sino más bien se trató de un incidente intra barra. El punto es que esta mirada corta de vista, que aplica la dialéctica bíblica, conservadora y simplona de “si no estás conmigo estás contra mí”, si no eres mi obstuso amigo, eres mi peligroso enemigo; se apresurará también a dejarnos, a decir de Ghandi, en un mundo de ciegos. Esta forma de percibir la realidad como una lucha entre opuestos y contrarios, busca no el equilibrio entre antagónicos, sino delatar al opositor, encontrar a los culpables y aplicar la justicia de la venganza.

El mito y el arquetipo de la justicia nos recuerdan que, tan profunda como su sabiduría es su ceguera: la justicia no ve ni conoce la condición externa en presencia de sus juzgados. La justicia cuando es justa no pregunta militancia, equipo de fútbol favorito, marca del traje, ingresos per cápita, ni mucho menos exige presentarse frente a ella con correcta corbata.

La justicia no desintegra para actuar. Reconoce verdades y en ese equilibrio transparente de la verdad desnuda, reparte responsabilidades y espejos para que nos miremos el rostro a la luz de la verdad.

Somos seres múltiples y diversos y a la vez infinitamente iguales. Nuestras diferencias nos particularizan, nos embellecen, nos hacen coloridos y diversos; pero con la misma fuerza con que nos llenan de color, están hechas para reunirnos en la unidad de la más básica igualdad. Somos seres viviendo una experiencia humana, fundamentalmente  lo mismo: polvo de estrellas. Lo que nos diferencia nos adorna y nos hace coloridos, variopintos; lo que nos iguala es la esencia: biológica en el ADN, esencial en el sentido profundo de la Conciencia de Ser.

Enfocarse en la diferencia es como clasificar elefantes por la forma de sus colas, un acto inútil, precario en sus fundamentos y,  hoy por hoy, completamente innecesario. Cada vez más definitivamente y cada vez a mayor velocidad somos ciudadanos del mundo, vecinos en la aldea global. Resistirse a este fluir de los hechos y la historia es ir contra la naturaleza de lo que nos toca vivir.

Si los deportistas franceses hubiesen opinado como el arquero chileno, buscando culpables en los contrarios, marcando la diferencia por sobre la necesidad de conciliar, el país galo hoy no sería campeón mundial de fútbol. La puerta está abierta a comprender y aceptar que en la velocidad y movilidad de las circunstancias hoy en día todos somos o podemos ser inmigrantes, migrantes, diversos, de distinto color, de otra lengua, de otra religión y la invitación es a  asumir esta colorida realidad desde la óptica de la integración y la aceptación. Somos seres de historia, caminantes del camino de la tierra, del aire, del fuego y del agua. Nada más, pero tampoco nada menos.

SOL QUINTANILLA FLORES

Psicóloga Transpersonal, Profesora de Lenguaje y Comunicación,

Diplomada en Psicología Clínica

Diplomada en Psicología Transpersonal y Técnicas de Terapia Gestalt

Maestría en Psicología Jungiana, otorgada por la Escuela de Psicología de Buenos Aires y formación como Terapeuta Transpersonal en la misma Escuela.

Meditadora, con formación en la Oneness University de la India.

 

 

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