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Dentro de la cantidad increíble de opiniones en contra de todo, descalificatorias y ofensivas que se desperdigan por redes sociales con una liviandad tanto o más escalofriante que el contenido de estas “críticas” o desacuerdos, hubo un meme en particular que me dejó helada. Se trata de la fotografía de Margarita, la mujer asesinada en la vía pública la semana pasada, con un texto perturbador:

“Ni las feministas ni #niunamenos protestan por mí porque me mataron 5 inmigrantes en la calle y no mi pareja chilena en mi casa. Mi asesinato no se ajusta a sus estándares ideológicos. Comparte esta hipocresía.”

Me excuso de citar y difundir una aseveración tan burda como fascista. Lo hago por eso mismo: por lo peligrosa que resulta.

En días previos al estallido de la Segunda Guerra Mundial ciertos muros europeos se mancharon con un grafitti que solicitaba la siguiente elección: “Nacionalsocialismo o Caos Bolchevique”. Los anónimos resistentes de todos los tiempos respondieron con una plantilla bajo cada rayado en el muro: “¿Papas o Patatas?”

El juicio y las acciones en contra de un asesinato no se ajustan a estándares ideológicos. Una mujer muerta a golpes en la calle es una mujer muerta a golpes en la calle. Eso es suficiente.

Era nana y caminaba a solas por la calle en horas de la mañana. La mataron a golpes y sus gritos se oyeron por toda la calle vacía. Sus gritos de dolor, de angustia, de terror. Y no hubo ayuda. Hubo un largo y profundo silencio que hizo de sus gritos más sordos y adoloridos.

“Para que triunfe el mal basta que los hombres buenos no hagan nada”, dice Mahatma Gandhi.

Tras el asesinato de Margarita se abrieron polémicas en múltiples flancos, y está bien que así sea, cuando la discusión busca ver el fondo del pozo, busca reflexionar, busca el consuelo en un sentido trascendente…. Cuando el dolor y la impotencia arrecian, la capacidad de volver a moverse viene de las convicciones profundas: la biofilia, el amor a la vida; a lo que nutre a lo que resiste y persiste. Pero también puede encontrar su energía en el choque eléctrico y  maloliente de la necrofilia, el amor a la muerte. Matar y destruir para persistir. Energizarme desde el odio, la bronca, la diferenciación: ver en el otro un “alterus” un diferente y alterado y sentir que el único movimiento posible es su aniquilación. Dejar de ver lo humano, cosificar, competir, pelear, sentir que soy mejor, creer que hay peores o inferiores, burlarme de la diferencia, creer en el flujo universal como si fuera conflicto entre contrarios. La necrofilia declara al mundo como un campo de batalla y al otro como una amenaza. Propone la desconfianza en el todo como mapa de ruta y la necesidad de saberme en el bando que posee la verdad como religión de motivación y consumo.

Una vez más, los medios de comunicación social, las redes que nos vinculan, pero paradojalmente nos incomunican, nos confunden: no se trata de comportarnos como meros espectadores, no se trata de “hacer la ola” dándole like a los comentarios o análisis de otros… La vida, la biofilia, es presencia presente y activa, es movimiento desde el alma, es reacción desde las neuronas y las células que se activan para unirse a los movimientos de la vida, colaborativa y amorosamente.

Incitando al revanchismo solo nos alineamos con la cultura de la muerte. Pensar que una tragedia, la muerte de un ser humano, puede competir, compararse con otra muerte para “elegir” cuál es más digna de indignación es una falacia, una trampa, y ciertamente una posición ideológica: comparar hechos de violencia para decidir cuál es el más válido de ser “defendido” es la postura obtusa del que acepta que los seres humanos podemos llegar a ser comparados, diferenciados, escindidos, clasificados en mejores y peores. Aceptando, además, que hay quienes pueden arrogarse la “capacidad” de establecer y ponderar esas diferencias y clasificaciones.

Esa es la cultura de la muerte. Esa es la cultura fascista. Esa es la energía de la necrofilia. Es la trampa de elegir entre lo mismo: ¿papas o patatas?.

 

SOL QUINTANILLA FLORES

Psicóloga Transpersonal, Profesora de Lenguaje y Comunicación,

Diplomada en Psicología Clínica

Diplomada en Psicología Transpersonal y Técnicas de Terapia Gestalt

Maestría en Psicología Jungiana, otorgada por la Escuela de Psicología de Buenos Aires y formación como Terapeuta Transpersonal en la misma Escuela.

Meditadora, con formación en la Oneness University de la India.

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