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SOL QUINTANILLA FLORES Psicóloga Transpersonal, Profesora de Lenguaje y Comunicación, Diplomada en Psicología Clínica
SOL QUINTANILLA FLORES
Psicóloga Transpersonal, Profesora de Lenguaje y Comunicación,
Diplomada en Psicología Clínica

Vivimos en un pueblo que hace un par de años atrás fue calificado como la comuna con mejor calidad de vida. Se agradece, se felicita la gestión de quienes construyen mirando ese horizonte. Y se disfruta poder caminar por un territorio donde abundan sonrisas, amistades y la sensación de que nos conocemos y nos consideramos.

Pero.

El pueblo es también una gran y querida zona de confort.

Entendemos la zona de confort como ese espacio (mental) que no implica riesgo alguno, donde no se tiene sensación de amenaza ni riesgo. Cada uno de nosotros cultiva su zona de confort y está bien que así sea. No sentirnos amenazados nos permite bajar el alerta, desestresarnos y descansar. Es justo y necesario.

La complicación surge cuando no nos damos por enterados de que gran parte de la vida, de la historia y de los eventos que promueven nuestro desarrollo personal hacia la adultez y la autonomía, ocurren…. ¡muy lejos de la zona de confort!!!

No se trata de salir o irnos de nuestro espacio físico, de nuestro Rengo querido, humano y amigable. Se trata de no convertir nuestro lugar en una gran ventana desde la cual veamos la vida transcurrir lejos y ajena. Se trata de involucrarse, saber, opinar, arriesgar aunque sea solo un poco (idealmente, más de un poco). No podemos (ni queremos) pasar como si la vida fuese algo que le sucedes a otros, a lo lejos y borroso.

“Aquí nunca pasa nada” puede ser una condición que agradece, pero también puede ser la maldición del inmovilismo y la resignación aprendida. Es necesario hacer que cosas pasen. Es menester salir de la zona de confort, arriesgar para crecer, dolernos para crecer, desconcertarnos para crecer, abrir la ventana para que crezca el paisaje al alcance del camino.

Todo lo nuevo nace pequeño y hoy por hoy se siente en el ambiente sutiles vientos de cambio. El movimiento en torno a la reivindicación de la igualdad de género y la denuncia de la violencia sexual, física, emocional, cultural en contra de las mujeres no es un gesto improvisado ni antojadizo. Estemos o no estemos de acuerdo con sus premisas, con sus formas, con su modo de abrirse paso, se trata de un hecho histórico relevante, que ocurre en Chile de norte a sur, que ocurre en América, que ocurre en Europa…

En Chile, las reivindicaciones han partido desde el espacio universitario, y se ha difundido por los medios de comunicación y ciertamente las redes sociales. Más del 70% de la población las apoya, las percibe y  las considera necesarias. Imprescindibles por cierto.

No sea que la historia esté ocurriendo multicolor, sorprendente y misteriosa al lado nuestro y nosotros mirando en la pantalla del celu videos de gatitos… no sea que la historia esté pasando al alcance de la mano y nosotros con las manos en los bolsillos. No sea que la historia vaya transitando a buen paso por nuestra propia calle o vereda, y nosotros con la ventana cerrada a postigo.

No sea que la zona de confort nos mantenga secuestrados.

No sea que hablar de nuestras dolencias sea el tema principal.

Vivimos en un preciso y precioso lugar, no sea que se nos olvide estar a la altura de las históricas circunstancias.

SOL QUINTANILLA FLORES

Psicóloga Transpersonal, Profesora de Lenguaje y Comunicación,

Diplomada en Psicología Clínica

Diplomada en Psicología Transpersonal y Técnicas de Terapia Gestalt

Maestría en Psicología Jungiana, otorgada por la Escuela de Psicología de Buenos Aires y formación como Terapeuta Transpersonal en la misma Escuela.

Meditadora, con formación en la Oneness University de la India.

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