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La comuna de Navidad, a unos 160 kilómetros al sureste de Santiago, es conocida por sus bellos parajes, sus quebradas, sus lomas y las costas del océano Pacífico que la baña.

No es casualidad que durante el siglo diecinueve la visitaran el naturalista inglés Charles Darwin y el científico francés que trabajó para el gobierno chileno, Claudio Gay.

Sin embargo, los habitantes de esta comuna de la sexta región identificaron que no tenían productos y artesanías que lucieran la riqueza de esta localidad. Por esta razón, un equipo de profesionales de la Escuela de Ecoturismo y del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello; con el financiamiento del Gobierno Regional de O´Higgins a través del Fondo de Innovación para la Competitividad; capacitó a un grupo de experimentados artesanos para plasmar la identidad de Navidad a través del arte, e inspirándose en el movimiento ondulante del cochayuyo en el agua, de las olas y las dunas.

Así nacieron tejidos de alta costura, accesorios fabricados a partir de papel y objetos inspirados en el movimiento del cochayuyo, este último, uno de los productos que más enorgullece a los pobladores de la zona.

La directora ejecutiva del proyecto, Maísa Prieto, señaló que con los artesanos trabajaron, entre otras cosas, la estética y la calidad de las terminaciones para lograr una sofisticación del producto “que esté acorde al tipo de público que llega ahora a la comuna de Navidad”.

“De esa forma se lograron artesanías con valor agregado y también se les orientó en cómo fijar precios; que ellos sepan calcular bien cuáles son realmente sus costos, sepan cuál es el valor agregado de sus productos respecto al público y de alguna forma puedan mejorar la fijación de precios”, señaló Prieto.

El cochayuyo: tesoro del mar

Durante 2017, expertos de la Universidad Andrés Bello capacitaron a 27 artesanos de Navidad para impulsar sus actividades, pero también para crear productos de lujo que fueran identitarios de la localidad utilizando elementos reciclados (papel, CDs y fibrocemento) y tradicionales (lana, hierro, conchas, madera y piedras).

Una de esas trabajadoras es Jacqueline Véliz, quien fue capacitada para tallar madera nativa y crear accesorios decorativos de alta gama, pero con la particularidad que estuvieran inspirados en el cochayuyo, una de las algas más características de nuestras costas y que ha sido hábilmente procesada y comercializada en la comuna de Navidad.

“La idea es rescatar de la zona lo que más tenemos, como el cochayuyo”, señala Véliz y confiesa que en su trabajo intentó capturar el oleaje de las olas y la textura del viento, tal como lo hizo Pablo Neruda en su poesía.

“La madera habla por sí sola y es un trozo que no tiene vida y uno le cambia el concepto a un trozo cualquiera”, complementa la artesana, quien se jacta de que las materias primas que utilizan como la madera, luego de ser talladas quedan  “total y maravillosamente distintas”.

Las trabajadoras no sólo se preocupan de la forma, sino también de la estética. Para darle color a los adornos de madera, o los tejidos, utilizan cera de abeja, aceite vegetal o el tinte extraído de la cáscara de cebolla.

Cuidando el medio ambiente

También destacan; en el innovador catálogo de productos que han creado las artesanas de Navidad; los objetos fabricados a partir de papel.

Johanna Ortiz es una de las trabajadoras que sólo con papel reciclado, construye cestos, lámparas, adornos y mobiliario, que le da color con extractos naturales de árboles, como el nogal.

“Principalmente yo aplicaba todo lo que fuera cestería, pero todo era muy cuadrado, pero aquí me enseñaron con sus técnicas y aplicación de color, que hiciera aplicaciones asimétricas, como un cesto, que son totalmente diferentes”

 Y junto a estos trabajos también resaltan las joyas creadas a partir de materiales reciclados como discos compactos, en los que también se utilizan incrustaciones de cochayuyo.

“Tenemos una línea de productos de aros, anillos, y collares”, detalló sobre esta línea María Angélica Reyes, otra beneficiara del proyecto.

De igual forma, la artesana Patricia Rojas confiesa que “la Universidad nos ayudó en el diseño, ver otra perspectiva de lo que era el telar, no siempre lo mismo, sino a innovar con las formas y a salir al mundo con nuevos productos”.

Este proyecto busca que los artesanos no sólo mejoren la estética y calidad de sus artesanías, sino que además lleven adelante esta actividad como un negocio del cual puedan vivir a futuro.

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